Uno de los fundamentos del deporte que se ha perdido con la manera como se viene gestionando la competitividad en el mundo contemporáneo, es justamente la de buscar la excelencia. Cuando uno de nuestra especie vence en el juego, es el espíritu humano el que vence.
Esta lógica de la competencia, no muy frecuente entre los campeones "fisicamente perfectos", es mucho mas visible en aquellos que logran el triunfo humano con las dotes físicas que le concede el deseo de superarse.
A esto, junto con el alto logro de llegar a la Excelencia de Dios mediante el deporte, es lo que la deportividad ha configurado actualmente como Espiritualidad del deporte.
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